Uber en Costa Rica: cuál es el alboroto?

En estos días está de moda Uber en Costa Rica, principalmente porque los taxistas le declararon la guerra. Todos están hablando de Uber en Costa Rica, pero nadie ha explicado satisfactoriamente qué es el asunto. Bueno, vamos a tratar de explicarlo en términos que todos puedan entender.

Uber es algo así como tomar una cooperativa de taxis, mezclarla con una empresa de porteadores y ponerlo todo a correr bajo un sistema tipo Ebay. En el fondo Uber funciona como una central de taxis: la gente tiene un app en el celular con el que solicitan un transporte. Luego Uber le pone una tarifa al servicio, y manda el llamado a los transportes que tenga cerca de donde está el usuario. El transportista que esté interesado responde, y pasa a recoger al usuario. El proceso tarda segundos, y se puede seguir en vivo con el app, incluso se puede ver por dónde anda el transportista y cuánto tiempo va a durar en llegar.

Una vez completado el transporte, se reporta a Uber, y Uber se encarga de cobrarlo a la tarjeta de crédito del usuario. El transportista recibe el monto, menos la comisión que le cobra Uber por el despacho. Así es, en esencia el servicio: todo el trámite ocurre a través de Uber, digitalmente.

Pero además, Uber tiene algunas particularidades interesantes. Una de ellas es que generalmente no discrimina a los transportistas que quieren inscribirse. El transportista puede ser un taxista formal, una empresa de transporte (por ejemplo de buses), o un particular. Si alguien quiere poner su carro en Uber, puede hacerlo, y queda a criterio de cada usuario si acepta o no viajar con él. Un particular que pone el carro, pues, también gana la tarifa que le establece Uber por el servicio.

Esa tarifa, por supuesto, es diferente a la que gana un taxi formal que tenga todos los permisos correspondientes. Y es ahí donde se pone más interesante este asunto. Uber ha logrado resolver un dolor de cabeza permanente de los usuarios de taxis: que las tarifas no van de acuerdo a la calidad del servicio. En las calles hay taxis/taxistas muy buenos, y taxis/taxistas que no sirven para nada. Y los dos ganan exactamente lo mismo. Lo cual no es justo. Y generalmente cuando el usuario se toma el tiempo para quejarse con el ente gubernamental que administra los taxis, la queja es ignorada, lo cual tampoco es justo.

Pero en el sistema de Uber, un vehículo de lujo tiene una tarifa más alta que un vehículo normal. El taxista que atiende más rápido y tiene mejores calificaciones, tiene una tarifa mayor. Los usuarios que son mejor calificados por los taxistas, tienen mayor prioridad en la cola. Y todo se hace automáticamente: no hay burócratas ni amigazos que interfieran con el proceso de calificación y atención de quejas.

En los países donde se ha implementado, a Uber le ha ido muy bien, y los usuarios en su mayoría están contentos. Porque es una forma de hacer que el sistema de transporte realmente mejore, y no sea simplemente otro sistema “status quo” imposible de cambiar.

Entonces, por qué tanto alboroto? Bueno, el alboroto en parte es regulatorio, y en parte por intereses particulares.

En términos legales, Uber está funcionando como lo hizo Napster hace muchísimos años: valiéndose de la protección del internet, de la falta de control estatal, y de portillos legales, para hacer algo novedoso y que les genere dinero. El servicio de transporte público en la mayoría de los países requiere trámites de registro, pólizas de seguro, y obtener un permiso formal. Uber se salta esos requerimientos, y permite que cualquier persona con o sin permiso comercialice su vehículo y opere como un transporte público. Aunque es elección de cada usuario si acepta o no viajar en carros no autorizados, la realidad es que Uber crea un estímulo y un medio para hacerlo, y al final efectivamente la regulación del transporte público se va por la borda. Eso ha hecho que en muchos países los organismos regulatorios le pongan el ojo, porque Uber está saltándose controles y medidas que se ponen para protección de los usuarios, como el hecho de que el transportista esté registrado y se sepa quién es, y que el usuario del servicio esté cubierto por un seguro en caso de un accidente.

Y la segunda parte del alboroto, por supuesto, tiene que ver con intereses particulares de los taxistas. Si hay algo que Uber hace bien, es poner en evidencia que el sistema de taxis funciona mal, y hacer presión para que se arregle. Uber ha logrado evidenciar objetivamente que el sistema de taxis no tiene suficientes unidades para satisfacer la demanda, que hay algunos taxistas que no sirven absolutamente para nada, y que al sistema de regulación estatal le vale lo que tenga que decir el usuario. Al mismo tiempo, Uber se ha encargado de aumentar por su cuenta la cantidad de unidades disponibles, de penalizar a los taxistas que dan un mal servicio, y de poner al usuario por encima del taxista… por primera vez en muchas décadas.

Y eso, obviamente, no le gusta a los taxistas, especialmente a los taxistas que se aprovechan de las carencias del sistema para sangrar al usuario. Y el resto de la historia, ya se la saben: alborotan el panal, se buscan un político que los respalde, amenazan con bloqueos, etc.

Probablemente veamos a Uber en Costa Rica tarde o temprano. Sin importar cuánto alboroto hagan los taxistas, la realidad es que el sistema está basado y opera fuera de nuestras fronteras y no hay mucho que se pueda hacer para regularlo o restringirlo. Quizás se puedan poner algunas trabas para dificultar la operación, pero al final: 1. restringiendo el sistema lo que se logrará es crear escasez y aumentar las ganancias de los que sí estén trabajando con Uber, y 2. tarde o temprano las trabas van a ser superadas. Si los hackers pudieron traspasar los firewall estatales de China, no van a poder poner a Uber a funcionar en Costa Rica?

Los usuarios vamos a tener acceso a Uber en Costa Rica en algún momento, esperemos que sea pronto, y que todos sepan cuidarse y hacer un uso responsable del servicio.